Jóvenes celebran la libertad de vivir donde quieran… siempre que quieran quedarse en casa de sus padres.
El mercado inmobiliario español ha alcanzado nuevos niveles de “accesibilidad”. Los alquileres suben a velocidades que ni el WiFi más rápido puede seguir, mientras los sueldos parecen competir para ver quién baja más rápido.
Expertos en vivienda aseguran que el panorama es “prometedor”: los jóvenes ahora tienen la oportunidad única de experimentar la nostalgia del hogar familiar hasta los 35 años, sin el molesto inconveniente de pagar un alquiler digno.
Los fondos de inversión y grandes inmobiliarias celebran: han descubierto que la verdadera innovación está en hacer que el espacio vital sea un lujo que nadie puede permitirse, mientras venden webinars sobre “cómo invertir en ladrillo con un sueldo de becario”.
Según testimonios anónimos, algunos valientes han optado por compartir estudios diminutos con hasta tres desconocidos, usando técnicas de meditación y mindfulness para ignorar los ruidos, la falta de luz natural y el precio desorbitado.
Mientras tanto, políticos prometen soluciones “a medio plazo” y recalcan que la vivienda es un derecho… aunque sea uno tan abstracto como los sueldos que no crecen.
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